Este 3 de diciembre, en el marco de la celebración del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, recordamos una historia de valor y admiración, una historia donde las deudas sociales no detienen a las personas con alguna discapacidad y cómo la superación de las barreras les permiten ser sujetos de derechos e ir cerrado esta brecha.

Mi vida cambió drásticamente, pero lo perdoné…

Estar en una silla de ruedas no limita la decisión de Luís Ernesto, de llevar una vida plena, independiente, en la que practica diversas disciplinas deportivas, utiliza el rapeo como manifestación de arte, pero, sobre todo, enarbola el perdón como elemento de liberación y crecimiento personal.

“Las personas con capacidades diferentes enfrentamos grandes dificultades al acudir a un centro de salud, desde encontramos poca cobertura de las ARS, el espacio físico poco amigable; la falta de sensibilidad de muchos prestadores de salud, hasta baños poco adecuados”, así relata brevemente Luís Ernesto las dificultades que cada día enfrenta una persona con capacidades diferentes.

Luís Ernesto es enlace regional del Consejo Nacional de Discapacidad y además uno de los participantes en el taller sobre prevención de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS); VIH y SIDA, como parte de los trabajos conjuntos de Profamilia y el CONADIS, que buscan desarrollar acciones de educación, información y comunicación en poblaciones con discapacidad visual y físico motoras, en especial en población vulnerables.

Señala como “una mala jugada de la vida”, aquella ocasión hace catorce años, cuando estaba en una fiesta en Andrés, Boca Chica, y en la que “por un tropezón con una persona”, está le hizo varios disparos, sin que hasta el momento sepa por qué.

Asegura que estar postrado primero en una cama y luego en silla de ruedas, fue un duro golpe, “no solo para mí, también para mi familia, mis amigos y para la comunidad, porque mi vida cambió drásticamente de ser una persona lleno de salud a estar postrado en una silla de ruedas, pero lo perdoné”, asegura Luís Ernesto con una mirada limpia

Al mirarlo en silla de ruedas, podemos pensar en su dificultar para subir una escalera, pero nos sorprende con su desempeño como parte del equipo paralímpico de halterofilia, jugando baloncesto y participando en maratones y en un recorrido por YouTube, encontramos a Soky, su nombre artístico, que se desliza y rapea en una cancha de Boca Chica.

Aunque vive su vida a plenitud, aboga por que las instituciones incluyan acceso seguro en sus construcciones como rampas y baños adecuados que para las personas con capacidades diferentes.

Profamilia, en la ejecución del proyecto “Canadá She Decides: Garantizar la salud y los derechos sexuales y reproductivos de mujeres y niñas viviendo en pobreza y en situaciones de vulnerabilidad”, realizó diversas actividades enfocadas a las personas con capacidades diferentes, en este caso se trató de un taller sobre prevención de ITS/VIH-SIDA, violencia de género y conocer mejor las dimensiones de la sexualidad.

En coordinación con CONADIS y su programa “Vida Independiente”, se realizan talleres de capacitación en salud sexual y reproductiva con niños, niñas, adolescentes y adultos con discapacidad físico-motora y visual; mientras que mediante un acuerdo con el Circulo de Mujeres con Discapacidad (CIMUDIS), se trabaja el acceso a servicios integrales en salud sexual y salud reproductiva a esta población; además de realizar visitas domiciliarias a mujeres con discapacidad con necesidades no satisfechas de salud sexual y salud reproductiva.